Crisis hídrica en Uruguay: entre la urgencia estructural y el debate por el futuro del agua
El país volvió a enfrentar señales de déficit en sus reservas y reabrió la discusión sobre el agua.Uruguay atravesó entre 2022 y 2023 la sequía más grave en más de 70 años. El episodio impactó especialmente en el sistema que abastece a Montevideo y el área metropolitana, donde vive más de la mitad de la población del país. Este escenario instaló con fuerza el debate en la opinión pública: garantizar el abastecimiento de agua potable pasó a ser una prioridad nacional.
Sin embargo, los esfuerzos parecen no ser suficientes. Un reciente comunicado del departamento de comunicación de Obras Sanitarias del Estado (OSE) informó sobre un déficit hídrico en la zona centro-sur que “está generando una reducción en las reservas de las fuentes de abastecimiento de agua potable en las ciudades de Minas y Solís de Mataojo”. Ante esta situación, la empresa estatal anunció ajustes operativos para preservar las reservas disponibles.
Especialistas sostienen que la crisis hídrica en Uruguay no tuvo una sola causa, sino que fue el resultado de una combinación de factores climáticos, estructurales y de planificación que coincidieron en el peor momento. Aun así, el componente más determinante parece ser la infraestructura. OSE opera un sistema que en algunos tramos tiene décadas de antigüedad y, si bien eso no generó por sí solo la crisis, sí dejó expuestas vulnerabilidades históricas: falta de diversificación de fuentes, pérdidas importantes en redes de distribución, obras de respaldo postergadas y un crecimiento poblacional mayor al ritmo de expansión del sistema.
Represa de Casupá
La decisión de cancelar el proyecto Arazatí y apostar por la construcción de la represa de Casupá representa un cambio de rumbo en la política hídrica nacional tras la crisis que puso en jaque el abastecimiento metropolitano. Mientras Arazatí planteaba diversificar la fuente de agua potable tomando desde el Río de la Plata mediante un esquema con participación privada, la nueva estrategia opta por fortalecer la cuenca del Santa Lucía, ampliando la capacidad de reserva de agua dulce bajo gestión estatal de OSE.
El giro no fue solo técnico, sino también conceptual. La apuesta por Casupá busca reforzar el sistema que abastece a Montevideo y su zona metropolitana, manteniendo el modelo público de gestión, pero deja abierta la discusión sobre si aumentar reservas dentro de la misma cuenca alcanza para garantizar seguridad hídrica a largo plazo o si el país necesita, además, una verdadera diversificación de fuentes frente a sequías extremas cada vez más frecuentes. Mientras las autoridades avanzan en definiciones y negociaciones, la población sigue esperando una solución estructural que aún no termina de concretarse.
Potabilización del agua
OSE opera 77 plantas de potabilización en todo el país, siendo la de Aguas Corrientes (Canelones) la principal para el abastecimiento de Montevideo. El proceso técnico incluye oxidación con hipoclorito, coagulación con sulfato de aluminio, floculación, sedimentación y filtración rápida. Durante la crisis hídrica, el debate no giró en torno a la ausencia de tratamiento, sino a la calidad del agua de origen. Cuando las reservas bajaron a niveles críticos, se incorporó agua con mayor salinidad, lo que elevó los niveles de sodio y cloruros.
Técnicamente el agua continuaba siendo tratada y declarada apta bajo parámetros excepcionales, pero su composición química generó preocupación en parte de la población. En redes sociales circulan videos donde se observaba agua con coloración y olor inusuales, junto a reclamos por “altos” niveles de salinidad, como ya había ocurrido en 2023. Ante esto, el presidente de OSE, Pablo Ferreri, explicó que “todos los veranos hay eventos vinculados a los trihalometanos”, asociados a mayores niveles de cloración y altas temperaturas. Señaló además que, en este verano, un evento relacionado con el color del agua obligó a ajustar la pauta de tratamiento para mantener los parámetros dentro de la norma. Según indicó, la mayor cloración, sumada a las temperaturas elevadas, provocó valores más altos de trihalometanos, y sostuvo que la represa de Casupá permitiría mitigar este tipo de situaciones en el futuro.
Inversión histórica de OSE
Las autoridades de la empresa anunciaron que atraviesan un proceso de modernización “sin precedentes”, con el plan de inversiones más grande de su historia proyectado hacia 2026. El organismo pasaría de invertir unos 70 millones de dólares anuales a aproximadamente 184 millones por año en el quinquenio 2026-2030, a precios constantes de 2025. El plan contempla, entre otras obras, la represa de Casupá, el rediseño del proyecto Arazatí, el plan universal de saneamiento y trabajos en Solís Chico.
Ferreri enumeró el conjunto de obras cuyo proceso de ejecución comenzaría en 2026, luego del diseño técnico desarrollado en el primer año de gestión. En ese marco, recordó que a comienzos del próximo año se realizará la licitación pública internacional para la construcción de la represa de Casupá, en Florida, cuya ejecución está prevista para iniciarse en 2027.
Mirada del sindicato
Desde la Federación de Funcionarios de OSE (FFOSE), su presidente, Carlos Larrosa, advirtió que “la calidad del agua viene disminuyendo hace tiempo” y que “cada vez es más difícil de potabilizar”. En ese sentido, el sindicato plantea priorizar el consumo humano por encima del productivo.
Larrosa sostiene que existen proyectos históricos recomendados por técnicos del organismo que fueron postergados durante años. Mencionó la represa de Casupá, la planta en el arroyo Solís Chico y la planta de lodos de Aguas Corrientes como iniciativas relevantes. “Hay muchas plantas en el interior que tienen muchos años. No podemos decir que estén al final de su ciclo, pero necesitan una inversión fuerte”, afirmó. Además, subrayó la necesidad de sustituir tuberías para reducir roturas y mejorar los tiempos de respuesta, en un sistema que quedó bajo la lupa tras la mayor crisis hídrica de las últimas décadas.
