Hidrógeno Verde: Ventajas y Desventajas
El hidrógeno verde y posibles riesgos contaminantes
A medida que la comunidad internacional avanza hacia la meta de la descarbonización para 2050, el hidrógeno verde se perfila como uno de los pilares de la nueva matriz energética.Su proceso de obtención, basado en la electrólisis alimentada por fuentes renovables, promete un combustible limpio que solo emite vapor de agua. Sin embargo, mientras gobiernos y corporaciones impulsan esta tecnología, persisten interrogantes sobre los aspectos que aún no se regulan o se desconocen.
Especialmente en lo relativo a posibles descuidos contaminantes a lo largo de su cadena de producción y distribución.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que su implementación masiva podría evitar la emisión de 830 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, una cifra que equivale a lo que genera actualmente la producción de hidrógeno mediante combustibles fósiles, conocido como hidrógeno gris. El hidrógeno verde se obtiene mediante un proceso químico denominado electrólisis.
Este método consiste en introducir corriente eléctrica en el agua (H2O) para descomponerla en sus dos elementos fundamentales, oxígeno (O2) e hidrógeno (H2). La clave de su calificación como «verde» reside en la fuente de esa electricidad. Si la energía empleada en el proceso proviene de fuentes renovables -solar, eólica, hidráulica-, el resultado es un combustible que no genera emisiones de dióxido de carbono durante su producción ni durante su combustión posterior.
El hidrógeno verde es 100 % sostenible, ya que no emite gases contaminantes ni en su combustión ni en su producción si se sigue el método correcto. Ofrece una solución al problema del almacenamiento energético. Pues a diferencia de la electricidad generada por una planta solar, el hidrógeno puede comprimirse y almacenarse en tanques durante largos periodos. Su versatilidad permite transformarlo en electricidad o combustibles sintéticos para aplicaciones comerciales, industriales o de movilidad.
Sin embargo, presenta desventajas ya que el coste de producción sigue siendo la principal barrera. La energía renovable, aunque en descenso de precio, encarece el proceso de electrólisis. Esto en comparación con el reformado de metano con vapor, método empleado para obtener hidrógeno gris. A esto se suma la volatilidad del hidrógeno, pues es un gas inflamable y de molécula muy pequeña, lo que facilita fugas en tuberías y conexiones. La industria química y petroquímica lleva décadas manejando con protocolos de seguridad. Pero su despliegue masivo en entornos urbanos y su transporte a gran escala plantean retos logísticos y de seguridad que aún están en fase de estandarización. Aquí es donde emerge la preocupación por los posibles descuidos contaminantes.
La electrólisis requiere agua pura, pues para producir un kilogramo de hidrógeno se necesitan aproximadamente nueve litros de agua. A escala industrial, esto se traduce en millones de litros diarios. En un contexto de estrés hídrico creciente, la ubicación de las plantas de hidrógeno verde podría entrar en conflicto con el consumo humano y agrícola. En cuanto a la infraestructura, la producción de hidrógeno verde a gran escala implica la construcción de nuevas plantas, tuberías y puertos de exportación.
El impacto ambiental de esta nueva infraestructura física -ocupación del suelo, alteración de ecosistemas, emisiones de CO2 derivadas de la fabricación de acero y cemento para las instalaciones- no siempre se contabiliza en el balance de emisiones «cero» del hidrógeno. Se trata de emisiones indirectas que, de no ser evaluadas y mitigadas, podrían empañar los beneficios climáticos del producto final.
Los marcos regulatorios actuales se centran en fomentar la producción y el consumo, a menudo mediante subvenciones y objetivos de capacidad instalada. Sin embargo, los estándares que obligan a medir y controlar estos impactos indirectos -consumo de agua, análisis de ciclo de vida completo de las instalaciones, tasas de fuga permisibles- están menos desarrollados o son inconsistentes entre países.
