Día del clasificador: un experimento social para reconocer a quienes hacen posible el reciclaje
Los 1° de marzo se conmemora el Día Mundial del Clasificador, en recuerdo a 11 recicladores asesinados trágicamente en la Universidad Libre de Barranquilla en 1992. Se trata de una fecha prácticamente desconocida, que no figura en los calendarios oficiales. Un anonimato que refleja el escaso reconocimiento de estos actores, claves en el proceso de reciclaje.
El 1° de marzo se conmemora el Día Mundial del Clasificador, en recuerdo a 11 recicladores asesinados trágicamente en la Universidad Libre de Barranquilla en 1992. Se trata de una fecha prácticamente desconocida, que no figura en los calendarios oficiales. Un anonimato que refleja el escaso reconocimiento de estos actores, claves en el proceso de reciclaje.
Con el objetivo de sensibilizar sobre esta actividad, ABITO, una empresa uruguaya de gestión integral y sustentable de residuos, impulsó un experimento social, convocando a personas de distintos perfiles y edades, sin revelar quién los convocaba. A los participantes no se les adelantó de qué se trataría la experiencia. Al llegar, se encontraron simplemente con una caja que llevaba dentro una bolsa de residuos. La reacción fue inmediata: incomodidad, sorpresa, rechazo.
Esas primeras respuestas dejan en evidencia la poca costumbre de manipular residuos, asociados automáticamente con la idea de “basura”. Y esa es una distinción fundamental. Cuando los residuos están mezclados, son basura. Cuando están separados, son materiales. Aproximadamente el 75% de los residuos son potencialmente recuperables, ya sea mediante reciclaje o compostaje. Solo una fracción menor es efectivamente no aprovechable.
Uno de los ejes conceptuales del experimento fue identificar la falta de conocimiento que se tiene sobre este trabajo: al mostrar imágenes de clasificadores, la mayoría no supo identificar correctamente el nombre de la actividad (a diferencia de los niños), asociándose directamente a condiciones marginales.
En contraste, el experimento presentó el testimonio real de una de las clasificadoras de ABITO, Estella Silva, de 46 años, quien relató cómo, pese a los prejuicios existentes, la clasificación es una actividad que disfruta y que se desarrolla en condiciones similares a las de cualquier otro empleo formal: horario de ocho horas, uniforme, tiempos de descanso.
Se trata de una tarea clave dentro de la cadena de valor del reciclaje, que requiere conocimientos específicos para identificar materiales, subcategorías y condiciones de reciclabilidad.
Una puerta de entrada al empleo formal
Según la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos, en Uruguay hay unas 12.000 personas dedicadas al reciclaje de residuos sólidos. Si se suman los integrantes de sus familias —que muchas veces participan de la actividad— la cifra asciende a unas 25.000 personas vinculadas directa o indirectamente a esta tarea.
A nivel regional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que cerca del 70% de los residuos en América Latina circulan por canales informales. Esto incluye carritos, acopios familiares y sistemas precarios de clasificación en domicilios particulares, donde gran parte del material descartado termina en vertederos o cursos de agua.
Solo en Montevideo se generan entre 500.000 y 600.000 toneladas anuales de residuos, y la enorme mayoría tiene como destino final la usina Felipe Cardoso. Allí son enterrados o gestionados bajo esquemas que no permiten la trazabilidad. En muchos casos, los clasificadores ingresan para recuperar materiales y venderlos a intermediarios, sin condiciones de seguridad ni garantías laborales.
Este experimento social busca mostrar otra cara posible: cómo la clasificación puede transformarse progresivamente en un modelo formal de empleo. “El objetivo no es estigmatizar la informalidad, que es la realidad de la mayoría de estos trabajadores, sino ofrecer una alternativa que permita transformar un trabajo históricamente invisibilizado en un empleo digno”, señala Soledad Chiarino, directora de ABITO.
Este trabajo funciona como una puerta de entrada al empleo formal, permitiendo adquirir experiencia y cultura laboral para luego avanzar hacia otro trabajo, o incluso empezar un emprendimiento propio. “Eso también marca un cambio cultural profundo: que clasificar deje de ser una actividad asociada únicamente a la marginalidad y pase a ser una opción laboral válida y digna”, agrega.
Clasificar no es revolver basura
Una de las ideas centrales que atraviesa el proyecto del Día del Clasificador es que, para la mayoría de las personas, la gestión de los residuos termina cuando se cierra la bolsa. Para el clasificador, en cambio, ahí recién comienza.
Cuando los residuos orgánicos se mezclan con reciclables, gran parte del material puede quedar inutilizado. Y cuando llegan elementos peligrosos —como vidrios sin protección o residuos sanitarios mal descartados— hay trabajadores que pueden resultar lesionados. Incluso existen casos de bolsas que contienen materia fecal.
“La consigna es simple: antes de tirar algo, pensar quién lo va a manipular. Hay pequeñas cosas que se pueden hacer: no descartar vidrios sin protección, no mezclar residuos sanitarios con reciclables, limpiar los envases. Son gestos mínimos que dignifican el trabajo de otro”, concluye la directora.
El video del experimento social puede verse en el canal de https://www.youtube.com/watch?v=IyJ0PaMaV5g de ABITO
Sobre ABITO
ABITO (Acciones por el BIen de TOdos) es una empresa de gestión de residuos integral y sustentable. Asiste a distintas organizaciones desde la clasificación del residuo en origen hasta el cierre del ciclo. El servicio de ABITO tiene la finalidad de transformar residuos en recursos y de esta manera contribuir con la economía circular y el desarrollo sostenible del país y el mundo.
Cifras sobre residuos y reciclaje
Uruguay genera aproximadamente 1.335.000 toneladas de residuos por año, según estimaciones sectoriales basadas en datos oficiales (CEMPRE Uruguay).
Cada uruguayo produce en promedio 1,1 kilos de residuos por día (CEMPRE Uruguay).
En Uruguay se recicla apenas entre 4% y 8% del total de residuos generados, según estimaciones recogidas en estudios y reportes sectoriales (Ministerio de Ambiente y análisis periodísticos basados en datos oficiales).
En el caso específico de los envases, la tasa de reciclaje ronda el 4% del total colocado en el mercado (reportes académicos y sectoriales citados por Montevideo Portal).
En Montevideo, más del 30% de los residuos domiciliarios son potencialmente reciclables, de acuerdo con datos de la Intendencia de Montevideo.
¿Cómo se puede contribuir a la clasificación y el reciclaje?
Las acciones básicas comienzan en casa:
Separar residuos reciclables de los no reciclables.
No mezclar residuos orgánicos o sanitarios con materiales recuperables.
Aislar vidrios rotos.
Limpiar envases antes de descartarlos.
Existen puntos de entrega voluntaria, ecocentros y herramientas como la plataforma https://dondereciclo.uy/ , en formatos web y app, que permite geolocalizar sitios de disposición según el tipo de material. Además, la planta de ABITO, ubicada en Bulevar José Batlle y Ordoñez 3360, recibe residuos domiciliarios los días miércoles de 10 a 16 horas.
