«Crecimiento débil, señales de estancamiento y dudas sobre la inversión»:
El economista y director ejecutivo de Ceres, Ignacio Munyo, advierte sobre un escenario de escaso dinamismo, con caída en la actividad en el arranque del año y falta de señales claras para reactivar la inversión.La economía uruguaya atraviesa un escenario de bajo crecimiento y crecientes señales de estancamiento, con perspectivas poco auspiciosas en el corto plazo.
Así lo plantea el economista Ignacio Munyo, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), quien advierte que los indicadores disponibles muestran una desaceleración significativa de la actividad y una posible entrada en terreno recesivo.
En entrevista con Diario La R, explicó que el análisis se basa en el seguimiento del índice líder de Ceres, una herramienta que reúne distintos indicadores de actividad económica con mayor frecuencia que las mediciones tradicionales. Este instrumento permite anticipar tendencias antes de la publicación de datos oficiales como el Producto Interno Bruto (PIB), que suele difundirse con rezago.
De acuerdo con los datos disponibles, el crecimiento de la economía uruguaya en el último año se ubicó en torno al 1,8%. Sin embargo, al descontar el efecto puntual asociado a la refinería de ANCAP —que había permanecido cerrada en el período anterior y retomó su operativa normal—, la expansión efectiva se reduce a aproximadamente 1,4%. Este nivel, señala Munyo, se encuentra en línea con el promedio de crecimiento registrado en la última década, desde 2015 a la fecha, lo que refleja un patrón de crecimiento moderado y persistente.
Más allá de la cifra anual, el economista subraya que el desempeño estuvo fuertemente concentrado en el primer semestre. A partir de la segunda mitad del año, los indicadores muestran un estancamiento generalizado de la actividad, con niveles cercanos a cero crecimiento. En los primeros meses del año en curso, agrega, la situación se habría deteriorado aún más, con registros negativos en algunos indicadores, según datos ya procesados por Ceres.
“Ya no es solo estancamiento: estamos viendo caídas en la actividad”, afirmó, al tiempo que advirtió que el país se encuentra, si se mantienen esos indicadores, en situación comprometida, aunque técnicamente no se haya configurado aún una recesión, dado que no se verificaron dos trimestres consecutivos de contracción del PIB. “Nos salvamos de una recesión por décimas con el dato que salió recién ahora de diciembre del PBI porque no se dieron dos trimestres de caída del PBI”, afirmó.
Uno de los factores clave para explicar el comportamiento reciente es la evolución del turismo, sector que tuvo un papel central en el crecimiento del año anterior. Según Munyo, cerca de la mitad de la expansión se explicó por el buen desempeño de la actividad turística en el primer trimestre.
Sin embargo, los datos de la última temporada muestran un panorama menos favorable. Si bien el nivel de actividad se mantuvo en términos generales en valores considerados buenos, fue inferior al registrado el año anterior. En particular, se observó una reducción tanto en la cantidad de visitantes extranjeros como en el gasto real realizado por los turistas en términos reales.
Este último aspecto resulta especialmente relevante, ya que, aun cuando el ingreso de divisas pueda haber sido similar o ligeramente superior en términos nominales, la apreciación cambiaria y el aumento de precios implican que el impacto real sobre la economía es menor.
“El motor del Turismo que fue el principal motor de crecimiento del año 2025 –la mitad del crecimiento del año pasado la explicó el Turismo- que fue muy fuerte el primer trimestre. Este año no va a estar ese motor. Se apagó”.
“Fue una buena temporada, pero no tan buena como la anterior, que había sido excepcional. Eso hace que el efecto sobre el crecimiento que puede ser negativo o que desaparezca”, explicó. En consecuencia, el turismo —que había actuado como motor de la actividad— pierde fuerza como impulsor en el presente año.
En este contexto, Munyo considera que no existen señales claras que permitan prever una reactivación en el corto plazo. A su juicio, 2026 se perfila como un año “planchado” en términos de crecimiento, sin factores evidentes que puedan revertir la tendencia.
Unión Europea-Mercosur
Si bien reconoció que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea constituye una noticia positiva desde el punto de vista estratégico, señaló que sus efectos no serán inmediatos. “Es algo de mediano y largo plazo”, indicó, al tiempo que destacó que muchas de las mejoras en acceso a mercados, como el aumento de cuotas para productos clave, recién se materializarán en varios años.
En cuanto a los sectores que podrían aportar dinamismo, mencionó al complejo cárnico, que se ve favorecido por precios internacionales relativamente altos. No obstante, advirtió que este impulso por sí solo resulta insuficiente para traccionar el conjunto de la economía.
Otro de los aspectos que genera preocupación es la evolución de las cuentas fiscales. Munyo sostuvo que las proyecciones incluidas en el presupuesto aprobado recientemente quedaron desactualizadas debido al cambio en el contexto económico. En particular, señaló que la desaceleración de la actividad impactará en la recaudación impositiva, lo que obligará a realizar ajustes en la próxima Rendición de Cuentas.
“El presupuesto se elaboró con datos que ya estaban quedando viejos al momento de su presentación”, afirmó, aludiendo a la rapidez con la que cambiaron las condiciones económicas durante el segundo semestre del año pasado.
A nivel internacional, el economista identificó dos factores que inciden negativamente sobre las perspectivas: el aumento del costo del financiamiento y el encarecimiento del petróleo en un contexto de tensiones geopolíticas. El incremento de las tasas de interés a nivel global no solo eleva el costo de endeudamiento para el sector público, sino que también afecta las decisiones de inversión del sector privado.
En este sentido, explicó que mayores tasas en instrumentos financieros de bajo riesgo aumentan el costo de oportunidad de las inversiones productivas, lo que tiende a postergar o incluso cancelar proyectos. “El inversor puede preferir esperar y colocar sus recursos en activos financieros más rentables”, señaló.
A estos factores externos se suman elementos internos vinculados al clima de negocios. Munyo planteó que existe una brecha entre los anuncios oficiales orientados a promover la inversión y las medidas concretas adoptadas hasta el momento. En particular, mencionó que el aumento del gasto público y la incorporación de nuevos impuestos en la ley de presupuesto generan señales que, a su juicio, van en sentido contrario al objetivo de estimular la actividad.
Esta situación, sostuvo, introduce incertidumbre entre los inversores, que tienden a adoptar una actitud de cautela ante la falta de claridad sobre el rumbo económico. A ello se suma la expectativa en torno a futuras definiciones de política, como las que podrían surgir del diálogo social o de eventuales cambios en la estructura tributaria.
El economista también hizo referencia al contexto regional, que —según su análisis— se ha vuelto más competitivo en materia de atracción de inversiones. En particular, destacó el caso de Paraguay, que mantiene desde hace años una estrategia consistente basada en incentivos fiscales y estabilidad normativa.
Asimismo, señaló que países como Argentina y Chile han modificado su enfoque en relación con la inversión privada, adoptando políticas más orientadas a la atracción de capitales. Este cambio de escenario implica, a su entender, que Uruguay enfrenta una competencia más intensa para captar proyectos de inversión.
En ese marco, advirtió que la falta de definiciones claras y la percepción de inconsistencias en la política económica pueden jugar en contra del país. “Todo esto se traduce en postergación de decisiones y en menor dinamismo económico”, indicó.
Munyo concluyó que, en un contexto donde la inversión es un factor clave para el crecimiento, la combinación de incertidumbre interna, condiciones financieras internacionales más restrictivas y mayor competencia regional configura un escenario desafiante para la economía uruguaya en el corto plazo. “Sin inversión no hay crecimiento”, resumió.
