Cuando Ramón Méndez cuestiona la madurez del proyecto de HIF Global en Paysandú, uno de sus argumentos apunta directamente a las materias primas. La frase puede parecer extraña en un país con abundante agua y una matriz eléctrica fuertemente renovable, pero el problema industrial es más complejo: para producir e-combustibles a gran escala no alcanza con disponer de recursos naturales. Es necesario asegurar durante décadas enormes cantidades de electricidad, agua, dióxido de carbono biogénico y biomasa, además de la infraestructura capaz de hacerlos llegar a la planta en forma continua y a costos competitivos.
En este punto, la observación de Méndez merece ser explicada más que repetida literalmente. HIF sí tiene identificadas sus principales fuentes de abastecimiento y parte de ellas ya cuenta con acuerdos o diseños específicos. Sin embargo, la documentación disponible muestra también que la escala del proyecto completo obliga a construir una cadena de suministro que todavía debe consolidarse junto con la propia inversión.
Para fabricar e-metanol se necesitan tres elementos esenciales
El proceso puede explicarse de forma relativamente sencilla. Primero se utiliza electricidad para separar mediante electrólisis el hidrógeno contenido en el agua. Luego ese hidrógeno se combina con dióxido de carbono para sintetizar metanol. Si la electricidad es renovable y el carbono utilizado tiene un origen compatible con los criterios ambientales exigidos, el producto puede calificarse como un combustible sintético de bajas emisiones.
Por lo tanto, el corazón de la planta no depende únicamente de una tecnología determinada. Depende de que agua, electricidad y carbono estén disponibles simultáneamente, en grandes cantidades, durante prácticamente toda la vida útil del emprendimiento.
HIF proyecta producir en Paysandú unas 170.540 toneladas anuales de hidrógeno verde y hasta 876.000 toneladas de e-metanol cuando el complejo alcance su capacidad total. Esas cifras permiten comprender por qué el abastecimiento deja de ser un detalle operativo y pasa a convertirse en uno de los factores centrales de la viabilidad económica.
El agua: abundante no significa ilimitada
La documentación presentada ante el Ministerio de Ambiente establece un consumo de agua de aproximadamente 2.076 metros cúbicos por hora para el proyecto completo. El diseño prevé que alrededor del 75% provenga del río Uruguay y que el 25% restante corresponda a agua recirculada dentro del propio sistema.
El agua no se utiliza solamente para producir hidrógeno. Una instalación industrial de estas características también necesita agua para procesos auxiliares, tratamiento, refrigeración y generación de vapor. Por eso la planta contempla sistemas específicos de tratamiento de agua, recirculación y manejo de efluentes.
El proyecto incluye una toma directamente sobre el río Uruguay, diseñada para operar tanto durante crecidas como en períodos de bajante. El estudio ambiental especifica medidas destinadas a reducir la interacción con peces y otros organismos acuáticos, incluyendo sistemas de filtrado y velocidades limitadas de captación.
Que el río Uruguay disponga de un caudal muy superior al consumo industrial proyectado no elimina la necesidad de estudiar cuidadosamente la extracción. El análisis ambiental debe considerar variaciones estacionales, períodos de sequía, calidad del agua, impactos acumulativos y la convivencia con otros usos del recurso. La disponibilidad física es solamente una parte de la ecuación.
La electricidad es probablemente la materia prima más importante
Para obtener hidrógeno verde es necesario utilizar grandes cantidades de electricidad. La electrólisis no crea energía: utiliza energía eléctrica para separar las moléculas de agua y obtener hidrógeno. Por eso el precio y la disponibilidad de electricidad condicionan directamente el costo final del combustible.
El resumen oficial del proyecto publicado por el Ministerio de Ambiente señala un requerimiento del orden de 2.700 MW y prevé que la mayor parte de la electricidad provenga de nuevos parques eólicos y fotovoltaicos instalados en el entorno regional, complementados mediante conexión con la red nacional de UTE.
HIF identifica actualmente dos grandes desarrollos renovables asociados al proyecto: el parque solar Lucía, con una capacidad máxima prevista de 1.162 MWp, y el parque eólico Elena, con 1.137,6 MW de potencia instalada proyectada. Ambos requerirán además sus propias autorizaciones ambientales e infraestructura de transmisión.
Aquí aparece una característica fundamental del hidrógeno verde: no alcanza con que un país produzca electricidad renovable. Es necesario disponer de nueva capacidad en una escala compatible con la planta y conseguir que esa energía llegue al establecimiento industrial cuando se necesita.
El viento y el sol, además, son variables. Habrá momentos de elevada generación y otros de producción reducida. Esa variabilidad explica por qué la relación con la red de UTE y las condiciones bajo las cuales HIF podrá tomar o entregar energía constituyen una parte esencial de la negociación económica del proyecto.
El CO₂ no es solamente una emisión: aquí funciona como materia prima
El tercer componente indispensable es el carbono. Para fabricar metanol, el hidrógeno debe combinarse con dióxido de carbono. En este proyecto, por lo tanto, el CO₂ deja de ser únicamente un residuo gaseoso que se intenta evitar y pasa a funcionar como una materia prima industrial.
HIF proyecta reciclar alrededor de 900.000 toneladas de CO₂ por año cuando la planta alcance su capacidad completa. Una primera fuente será ALUR Paysandú, cuya producción de bioetanol genera una corriente de dióxido de carbono de origen biogénico.
La empresa informa que tiene aseguradas aproximadamente 150.000 toneladas anuales de CO₂ provenientes de ALUR. Es un volumen significativo y explica por qué la cercanía con esta planta constituye un elemento estratégico para la localización de HIF en Paysandú.
Pero también permite dimensionar el desafío. Las 150.000 toneladas declaradas por HIF representan solamente una parte de las aproximadamente 900.000 toneladas anuales que el proyecto completo pretende utilizar. Para alcanzar la escala prevista será necesario obtener el resto desde otras fuentes biogénicas.
Aquí entra directamente la cadena forestal
La segunda gran fuente prevista de carbono está directamente relacionada con el sector forestal. El proyecto contempla utilizar residuos provenientes de predios forestales y aserraderos ubicados dentro de un radio aproximado de 300 kilómetros.
Ese material sería trasladado a la planta en forma de chips, aserrín y otros residuos leñosos. Allí sería utilizado en calderas para producir vapor y, al mismo tiempo, generar una corriente de gases de combustión de la cual se capturaría el CO₂ necesario para alimentar la síntesis de e-metanol.
La documentación técnica de marzo de 2026 establece para cada caldera de biomasa un consumo nominal cercano a 32,9 toneladas por hora. Los primeros tres trenes de producción contemplan sistemas térmicos de biomasa; el cuarto tren presenta una configuración diferente y no incluye una caldera de este tipo.
La dimensión de esa demanda convierte a los residuos forestales en una pieza importante del proyecto y abre una oportunidad evidente para generar valor adicional dentro de la cadena. Materiales de bajo valor o subproductos de cosecha y aserrado pueden transformarse en insumos de una nueva industria energética.
Residuo forestal no significa recurso gratuito
Sin embargo, considerar un material como residuo no significa que esté disponible automáticamente ni que carezca de valor económico. La biomasa debe ser recolectada, acondicionada, transportada, almacenada y entregada con determinadas características de humedad y calidad.
Además, parte de esos residuos ya puede tener otros usos: generación térmica, fabricación de tableros, producción de pellets, compostaje, acondicionamiento de suelos u otras aplicaciones industriales. Una demanda adicional de gran escala puede modificar precios y flujos dentro de la propia cadena forestal.
Para ICI este aspecto resulta especialmente relevante. Uruguay debería procurar que una nueva industria aproveche prioritariamente subproductos y residuos genuinamente disponibles, aumentando el valor agregado de la producción forestal, sin transformar automáticamente materiales actualmente útiles para otras cadenas en una fuente sometida a una nueva competencia.
La discusión, por tanto, no debería limitarse a preguntarse si existe biomasa dentro de un radio de 300 kilómetros. También importa conocer cuánto puede suministrarse de manera sostenible cada año, a qué costo, mediante qué contratos y con qué impacto sobre otros usuarios.
Una cadena logística de cientos de kilómetros
El abastecimiento de una planta de esta magnitud no termina en la disponibilidad teórica del recurso. Cada tonelada de biomasa debe llegar físicamente hasta Paysandú. Eso implica transporte carretero, áreas de recepción, almacenamiento y sistemas continuos de alimentación.
La ingeniería presentada por HIF contempla silos, áreas de acopio y cintas transportadoras cerradas para manejar ese material. También prevé el tratamiento de los gases generados durante la combustión antes de capturar el CO₂.
La biomasa produce además cenizas. La documentación ambiental calcula alrededor de 29.600 toneladas anuales de cenizas en la configuración presentada en marzo de 2026, para las cuales se proyecta un sistema específico de disposición dentro del complejo.
Esto muestra una característica general de los grandes proyectos industriales: cada solución genera nuevas necesidades. Utilizar residuos forestales permite obtener carbono biogénico y energía térmica, pero simultáneamente exige transporte, almacenamiento, control de emisiones y manejo de residuos sólidos.
ALUR es mucho más que un vecino de la futura planta
La relación con ALUR ayuda también a comprender por qué la localización del proyecto no puede analizarse únicamente en función de la distancia con la ciudad de Paysandú o con la costa argentina.
El diseño presentado contempla ductos subterráneos entre ambas plantas. Por una de esas conducciones el CO₂ de ALUR viajaría hacia HIF; por otras, el e-metanol y la e-gasolina producidos retornarían hacia las instalaciones de ALUR, donde serían almacenados antes de su posterior traslado para exportación.
Esta integración explica por qué la disponibilidad de CO₂ de ALUR permanece como un punto de referencia incluso mientras se analiza una posible relocalización de la planta dentro del departamento. No todas las ubicaciones ofrecen las mismas ventajas logísticas.
Méndez identifica un problema real, aunque debe formularse con precisión
Afirmar simplemente que HIF “no tiene materias primas” sería excesivo. La empresa ha identificado sus fuentes, tiene asegurada una parte del CO₂ de ALUR, desarrolla parques renovables y ha presentado ante la autoridad ambiental un esquema técnico detallado para el suministro de agua, energía y biomasa.
Pero el fondo de la advertencia de Méndez conserva importancia: identificar una fuente no equivale necesariamente a garantizar un suministro industrial durante veinte o treinta años. Un proyecto de esta escala necesita contratos, infraestructura, precios y cantidades suficientemente previsibles como para respaldar miles de millones de dólares de inversión.
En este caso, además, las distintas materias primas dependen unas de otras. Una disponibilidad excelente de agua no compensa un precio eléctrico demasiado alto. Disponer de energía abundante no resuelve una insuficiencia de CO₂ biogénico. Tener biomasa disponible tampoco garantiza el negocio si transportarla cientos de kilómetros eleva demasiado los costos.
La verdadera ventaja uruguaya debe medirse en conjunto
Uruguay posee condiciones que justifican el interés internacional: elevada participación de energías renovables, capacidad para desarrollar nueva generación eólica y solar, recursos hídricos, producción de biomasa y una importante cadena forestal y agroindustrial capaz de aportar carbono biogénico.
Eso constituye una ventaja competitiva real. Pero una ventaja potencial se transforma en ventaja industrial solamente cuando los recursos pueden integrarse a costos, cantidades y condiciones compatibles con el mercado internacional.
Por eso la pregunta planteada por Méndez merece ir más allá de una discusión sobre si Uruguay “tiene” o “no tiene” materia prima. El país tiene recursos. Lo que HIF deberá demostrar es que puede convertirlos en una cadena de abastecimiento estable, sostenible y económicamente competitiva a la escala extraordinaria que propone su proyecto.
Si esa cadena se consolida, la oportunidad para Uruguay puede ser considerable: electricidad renovable, residuos forestales y carbono biogénico dejarían de ser solamente recursos disponibles y pasarían a integrarse en una nueva industria exportadora de alto contenido tecnológico. Si alguno de esos componentes no logra cerrarse en las condiciones necesarias, la propia escala del proyecto puede convertirse en su principal dificultad.
Fuentes principales: entrevista a Ramón Méndez Galain difundida por la diaria Radio; Ministerio de Ambiente – Observatorio Ambiental Nacional, documentación del proyecto y Estudio de Impacto Ambiental HIF Paysandú, marzo de 2026; HIF Global, información institucional del proyecto Paysandú; documentación técnica del proyecto presentada ante DINACEA.
